El EQUIPO: SISTEMA ANTI-EGOS.
Trabajar, coordinar y dirigir equipos creativos requiere grandes dosis de paciencia. Sin embargo, cuando los creativos son realmente buenos, suelen tener la inteligencia necesaria para controlar, relativizar e incluso ridiculizar su ego. Aun así, no faltan los problemas de ego, que inevitablemente afectan al trabajo en equipo.
Por eso es crucial establecer un sistema de trabajo que defina claramente las responsabilidades y, al mismo tiempo, reconozca el valor de cada miembro. Como director, tu misión principal es ser percibido como la autoridad máxima, pero también como alguien que empatiza, que explica las razones detrás de sus decisiones, resalta a los responsables de cada área y trata a todos por igual. A partir de ahí, la estructura puede ser más horizontal que vertical.
En mi caso, cuando convocaba una reunión para presentar un nuevo proyecto, previamente enviaba un briefing a todos los responsables de cada departamento: director de arte, director creativo, guionistas, producción, ejecutivos de cuentas, multimedia, audiovisual, diseño, arquitectura, ingeniería y, en ocasiones, a algún colaborador externo especializado.
Cada uno debía llegar con ideas o soluciones creativas. En esa reunión —y solo en esa— cada uno podía aportar propuestas que invadieran las competencias de los demás; es decir, un ingeniero podía proponer un concepto visual, un diseñador podía sugerir un claim, etc. De esa reunión-debate debían salir las ideas clave sobre las que construir la propuesta. La regla era que todos podían expresar su opinión, escuchar atentamente y rebatir (sin olvidar los toques al ego). Yo, como director general y normalmente el primer contacto con el cliente, moderaba y conducía la reunión, tomando la decisión final sobre la dirección de la propuesta.
En general, quedaba claro cuál era la mejor opción para seguir trabajando.
Después, acordaba con el productor asignado las fechas y el calendario de seguimiento y entregas.
A partir de ahí, cada uno se dirigía a su departamento, a la espera de las instrucciones del director creativo, quien elaboraba el guión que guiaría a cada equipo para presupuestar tiempos y desarrollar diseños. Cada departamento de carácter creativo trabajaba en su parte de la propuesta bajo la supervisión y coordinación del director creativo.
Mientras tanto, los departamentos técnicos preparaban su parte de la propuesta, y producción se encargaba de que se cumplieran los plazos establecidos en el calendario.
Para la presentación interna previa, que tenía lugar 4 o 5 días antes de la entrega final al cliente, se convocaba de nuevo a los mismos participantes de la primera reunión. En esa ocasión, todos defendían su propuesta, pero ya no se permitían objeciones sobre las áreas de los demás. El director creativo, como responsable del proyecto, abría la reunión presentando el concepto general y daba paso a cada responsable para que defendiera su parte de la propuesta.
Si había correcciones, se realizaban en los días previos a la presentación al cliente.
Normalmente, en la reunión con el cliente asistíamos el director general (yo), el ejecutivo de cuentas y el director creativo, quien era el encargado de exponer la propuesta creativa. Siempre que se presentaba la oportunidad, también nos acompañaba algún miembro del equipo creativo o, dependiendo de la complejidad del proyecto, el ingeniero o el encargado del multimedia. No hay que olvidar que a todos los miembros del equipo les encanta relacionarse directamente con el cliente final.
Este sistema logró satisfacer los egos de todo el equipo, que además, poco a poco, fue engrasándose y coordinándose mejor. Se consiguió crear un ambiente de trabajo excelente, que también percibían las nuevas incorporaciones, quienes se integraban en este sistema de forma natural y mimética.
Emilio Medina Abenoza ®

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